Región de Antofagasta: Hub minero, energético y logístico

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  • Fuente: Nueva Minería

A este escenario se suma una capacidad instalada de generación eléctrica que bordea los 9.500 MW, con un fuerte componente renovable, junto con una red de puertos, carreteras y sistemas ferroviarios que permiten articular un corredor productivo de escala internacional. Incluso, la región ha aprobado planes de inversión cercanos a los $600 mil millones para fortalecer rutas y servicios logísticos hacia 2035.

Sin embargo, este liderazgo convive con crecientes exigencias para sostener su competitividad, en un contexto donde la cartera de inversiones mineras supera los US$45.000 millones y su materialización no está garantizada, especialmente ante escenarios de mayor competencia internacional y presión por estándares ambientales más exigentes. Es así que el desafío ya no radica únicamente en ampliar capacidades, sino en asegurar que estas operen con estándares de clase mundial, reduciendo tiempos, costos y brechas operacionales que hoy pueden restar competitividad frente a mercados emergentes con estructuras más ágiles.

Desarrollo con historia

El posicionamiento logístico de Antofagasta responde a una evolución de largo plazo. El ingeniero civil industrial y experto en abastecimiento minero, Daniel Muñoz Loo, explica que “este proceso comenzó hace muchos años y los activos logísticos desarrollados en ese entonces se mantienen vigentes hasta hoy”, destacando el rol histórico del Ferrocarril de Antofagasta a Bolivia (FCAB). Sin embargo, advierte que el desafío actual es distinto: “Muchas de las capacidades actuales surgieron de manera orgánica, pero hoy el desafío es coordinar esos activos bajo una estrategia común”. A su juicio, la falta de integración puede generar cuellos de botella, considerando que “la logística no es solo transporte, incluye almacenamiento, servicios, mantenimiento, y ahí todavía hay espacios de mejora”, especialmente en la articulación público-privada.

Esta evolución permitió el desarrollo de polos industriales como La Negra, el Barrio Industrial de Calama y la expansión portuaria en Mejillones, consolidando una base relevante para operaciones de gran escala. Pero esa misma infraestructura, que hoy se da por sentada, requiere adaptarse a nuevas exigencias productivas y tecnológicas. La creciente complejidad de la industria demanda una logística más sofisticada, capaz de articular servicios, innovación y valor agregado, incorporando digitalización, trazabilidad y mayor resiliencia a disrupciones en la cadena de suministro, sostiene.

Un hub no se decreta

Para el presidente ejecutivo del Consejo Minero, Joaquín Villarino, la logística es un elemento central para el sector, especialmente considerando las condiciones geográficas y la escala de las operaciones. En este sentido, sostiene que “la logística es la columna vertebral de nuestra competitividad, ya que en una industria que opera en zonas remotas y compite en mercados globales, la eficiencia en el transporte y el abastecimiento es lo que permite que Chile siga siendo un destino atractivo para la inversión”.

En ese contexto, recalca la relevancia estratégica de la región y asegura que “no es una exageración afirmar que el éxito de la transición energética global se encuentra en ese territorio”, en referencia a la concentración de proyectos y recursos críticos.

Asimismo, destaca que el desafío va más allá de la exportación de materias primas: “Un hub logístico no se decreta, se construye sobre acuerdos sólidos que permitan transformar a la región no solo en un punto de salida de carga, sino en el centro neurálgico de servicios especializados, almacenamiento y mantención”, indica.

El ejecutivo advierte, además, que una logística eficiente impacta directamente en la viabilidad de los proyectos, pues “permite que incluso aquellos yacimientos de menor ley sigan siendo viables, generando valor para el país y dinamizando economías locales”.

Nuevo eje de desarrollo

El potencial energético de la región también se proyecta como un nuevo eje de desarrollo, particularmente en energías renovables y en la industria del hidrógeno verde. Las condiciones naturales han permitido avances significativos, pero el reto ahora es pasar de las condiciones favorables a proyectos concretos. Ítalo Olivares, vicepresidente de ingeniería y desarrollo de MAE, que lidera el proyecto Volta, sostiene que “el principal desafío hoy es avanzar desde el potencial hacia la ejecución”, advirtiendo que, sin certezas regulatorias, coordinación institucional e infraestructura adecuada, las iniciativas podrían retrasarse. “Existen condiciones excepcionales, pero si no se generan las certezas necesarias, los proyectos no se concretan”, enfatiza, apuntando también a la necesidad de marcos normativos claros y procesos de permisos más eficientes.

En este contexto, la logística vuelve a ser determinante, pues “la eficiencia en transporte, almacenamiento e infraestructura incide directamente en la competitividad de los proyectos”, señala Olivares, especialmente en industrias emergentes como el hidrógeno y el amoníaco verde. A esto se suma el desafío de adaptar las cadenas productivas a los procesos de descarbonización, lo que implica nuevas inversiones, tecnologías y estándares operacionales que no están completamente resueltos, así como la necesidad de desarrollar capital humano especializado para sostener estos cambios.

Proyección internacional

El Corredor Bioceánico de Capricornio aparece como una de las principales apuestas para consolidar la proyección internacional de la región, conectando el Atlántico con el Asia-Pacífico. El gobernador regional, Ricardo Díaz, destaca que “Chile ha cumplido todo, porque están las rutas pavimentadas desde la frontera hasta los puertos”, pero advierte que persisten brechas críticas: “Necesitamos mejor conectividad de telecomunicaciones, zonas de descanso para camiones y un centro de revisión de carga en la provincia de El Loa, donde confluyan el SAG, la PDI y Aduanas”.

Asimismo, Díaz enfatiza que el desafío, que ya ha sido planteado tanto a la Delegación Presidencial como al Canciller, no es solo logístico, sino estratégico: “No queremos solo un corredor de carga, sino un corredor de desarrollo”, señala, apuntando a la necesidad de capturar mayor valor agregado para la región. Esto implica coordinar estándares, regulaciones y servicios entre países, evitando que el proyecto se limite a una plataforma de tránsito sin impacto estructural en la economía local, y promoviendo encadenamientos productivos que potencien industrias complementarias.