“La prevención, más que la reacción, es la clave para que nuestras ciudades eviten el Día Cero y garanticen un futuro sustentado en la seguridad del agua. La pregunta que queda abierta para nuestro territorio es urgente: ¿cómo avanzamos hacia ciudades y comunidades resilientes, capaces de evitar su propio Día Cero?”
El “Día Cero”–cuando el agua disponible no alcanza para cubrir las necesidades básicas de la población– ya no es un escenario hipotético. En Ciudad del Cabo, Sudáfrica, se estuvo a semanas de alcanzarlo en 2018; en Monterrey, México, hubo cortes masivos de agua en 2022; y en Chennai, India, la sequía de 2019 secó prácticamente todos los embalses urbanos. Estos casos demuestran que la crisis hídrica ya está ocurriendo en distintas latitudes y que la falta de planificación transforma un fenómeno climático en un colapso social y económico.
En Chile, la amenaza es concreta y transversal. De acuerdo con el pronóstico de la Dirección General de Aguas (DGA), el año 2025 fue deficitario en lluvias a nivel nacional, tanto en comparación con 2024 —marcado por eventos extremos— como respecto a los promedios históricos del período 1991-2020. Gran parte de las regiones registran déficits de precipitaciones que fluctúan entre un -6% y un -78%, evidenciando una tendencia sostenida de disminución. Este escenario refleja la creciente vulnerabilidad de territorios históricamente percibidos como seguros en términos de disponibilidad de agua: ya en 2024, el Gobierno declaró zona de escasez hídrica a la Provincia de Chiloé y a ocho comunas de la Provincia de Llanquihue.
Ejemplos recientes en ciudades como Bogotá, en Colombia, muestran que es posible anticiparse. Frente a la crisis de abastecimiento que dejó a los embalses en apenas un 36% de su capacidad en 2024–2025, la capital colombiana ha comenzado a priorizar inversiones orientadas a diversificar fuentes, integrar Soluciones basadas en la Naturaleza y fortalecer la resiliencia hídrica de su territorio. La prevención, más que la reacción, es la clave para que nuestras ciudades eviten el Día Cero y garanticen un futuro sustentado en la seguridad del agua. La pregunta que queda abierta para nuestro territorio es urgente: ¿cómo avanzamos hacia ciudades y comunidades resilientes al agua, capaces de evitar su propio Día Cero?