“Lo que quedó tirado de forma irresponsable en el desierto ahora viene directamente a destruir la vida marina y costera”, dice el biólogo antofagastino Carlos Guerra-Correa.
Roca Roja Basura industrial, desechos de contratistas, animales muertos (desde cementerios ilegales instalados en la quebrada), plásticos, pilas y otros elementos quedaron regados en la arena y otros entraron al mar.
Ya había ocurrido un fenómeno similar en La Serena, y ahora se repite en la costa de Antofagasta, aunque con componentes más tóxicos: basura regada tras la activación de quebradas o desborde de ríos, según el recorrido efectuado por “El Mercurio”.
El biólogo Carlos Guerra-Correa, de la Corporación para el Desarrollo, la Educación y la Protección Ambiental de la Zona Marino Costera del Norte, analiza los graves efectos para el ecosistema.
Doctor en Biología por la U. North Texas, señala que “al permitir el uso de los espacios naturales del desierto para depositar residuos de todo tipo, estos, tarde o temprano, se devolverán a los hábitats en donde el ser humano se desarrolla. Todos sabemos, incluyendo por supuesto a las instituciones fiscalizadoras y sus autoridades, que las quebradas en los alrededores de nuestras ciudades, en donde exista una huella, aunque rudimentaria, son utilizadas para descargar residuos de todo tipo”.
Al respecto, detalla que “los hay del tipo domiciliarios, de procesos de construcción, farmacéuticos y también industriales. Se observan maderas, escombros de todo tipo, productos químicos, ropas, indumentaria propia del trabajo industrial, muchos envases plásticos de uso doméstico, pero también de uso industrial conteniendo restos de sustancias químicas. Todo ese material ilegalmente abandonado, lamentablemente cuando se producen eventos de lluvias de mediana y alta cuantía, es arrastrado por las aguas en conjunto con los sustratos de tierras, arenas y rocas que son removidos, los que casi siempre descargan finalmente en el mar”.
Guerra-Correa estima que “se observa con claridad la cantidad de envases plásticos que no son de uso doméstico, muy probablemente son los contenedores de sustancias químicas utilizadas en diversos procesos. Estos compuestos que son liberados por estos envases generan impactos toxicológicos severos. También existe una enorme cantidad de envases plásticos domiciliarios, la mayoría de los cuales no son biodegradables y permanecen en los ambientes naturales en procesos de fragmentación que permiten la ingesta y absorción en organismos en donde operan procesos toxicológicos que destruyen la integridad fisiológica de la biodiversidad”.
El académico plantea que “además, se aprecia la enorme cantidad de trozos de espuma de poliestireno, material que (…), además de la liberación de gases tóxicos al fragmentarse, genera enormes cantidades de microplásticos que ingresan a los cuerpos de organismos, desde los más pequeños hasta los vertebrados mayores, incluyendo al ser humano, alterando los procesos fisiológicos de todos ellos”.
“Lo que quedó tirado de forma irresponsable en el desierto ahora viene directamente a destruir la vida marina y costera en general”, remarca.
El factor de las micropartículas
Para Adriana Aránguiz, del Departamento de Química de la U. de Tarapacá, “muchas personas, o animales también, pueden acceder a esos envases con restos de líquidos químicos y de soluciones que pueden ser abrasivos, corrosivos o algunos ya derechamente tóxicos”.
La doctora en Ciencias, mención Ecología y Biología Evolutiva, afirma que “lo mismo sucede con animales que pueden estar accediendo a estos basurales o microbasurales, donde puede haber un daño mecánico, físico, porque se puedan enredar en ciertos envases o quedar atrapados de las cabezas o patas”.
A juicio de Aránguiz, “la exposición al clima del desierto de estos envases plásticos con mucha radiación, con viento, produce erosión de estas superficies plásticas, y a la larga se va degradando, transformándose en microplástico, incluso en nanoplástico, y luego ya no existe ningún control de la dispersión de esas partículas. Y se incorporan en el sistema natural, en los sedimentos o en los cursos de agua y ahí ya no hay ningún control ni posibilidad de recuperar ese plástico. Entonces, se transforman en parte del sistema”.
Plantea que “en muchos casos se ha cuantificado que estas pequeñas partículas de plástico se incorporan en las tramas tróficas, son comidas por aves y por otros animales, incluso por peces, y pasan a formar parte de los tejidos”.
Y remarca: “La contaminación por plástico no afecta tan solo al lugar donde se elimina el plástico, sino que, en la fase de generar una partícula mucho más pequeña, puede dispersarse a través del viento, del transporte de camiones, hacia distintos puntos. Entonces, la contaminación por plástico es un tema importante y, sobre todo, se da mucho en las zonas áridas como la nuestra, donde la radiación y el viento juegan un papel muy importante en generar micropartículas”.
La basura en el desierto
Jadille Mussa, ecóloga y académica de la U. Central, señala que “los aluviones y el exceso de lluvia que experimentó el Norte Grande evidenciaron algo (…) que se veía bastante fuerte, que es la basura en el desierto. La desprolijidad a la que están acostumbrados quienes depositan la basura en lugares inhabilitados, como son las quebradas de la Región de Antofagasta, Tocopilla, también al interior, muestra que hay desechos que llevan muchos años en el sistema”.
Advierte que “aunque sean orgánicos, estos no vuelven a la naturaleza porque no hay humedad, hay altos grados de calor y en la noche hace frío, lo que hace que todos estos residuos se mantengan por muchos años y no haya una reconversión ni se vayan a restaurar los lugares”.
Mussa lamenta que “las lluvias han arrastrado toneladas de basura que lleva muchísimos años en estas quebradas. De hecho, muchos piques mineros van sacando material y botan los residuos”.
Detalla que “no solo hay abandono de basura y escombros industriales, sino que también una serie de elementos de depósito doméstico, ropa y vertederos ilegales. Está lleno de plástico que se fragmenta y va al mar, contaminando la zona costera de la región. También existen productos químicos con envases industriales, y estos solventes de sustancias peligrosas se liberan en el agua del océano, contaminando los recursos costeros, sobre todo en algunos lugares donde están los bivalvos como almejas o choritos”.
“Para la vida marina, todos estos elementos presentan una alta toxicidad por químicos, además de toda la ingestión de los plásticos por parte de peces y crustáceos que piensan que son alimentos, y la destrucción de algas y otros elementos (…). Todo esto demuestra la falta de manejo de la basura y la ineficiencia de la Ley de Responsabilidad Extendida al Productor (REP), que no ha sido lo suficientemente eficaz para controlar y tener un manejo efectivo de los residuos domésticos e industriales. Se puede decir que Chile, especialmente en el norte y la zona central, no tiene gestión ambiental ni de residuos, una problemática histórica de nuestro país”, añade.