Opinión: “Cuando el viento se lleva algo más que palabras” por Nicolás González, fundador de LoopOne y miembro de Climatech Chile

  • Fecha:
  • Fuente: País Circular

«La próxima etapa de la transición energética no se jugará únicamente en cuántos nuevos megawatts logremos instalar, sino que también en cuántas horas adicionales conseguimos mantenerlos disponibles para producir cuando la naturaleza nos entrega la oportunidad».

Como dice el refrán popular, las palabras se las lleva el viento. En una matriz eléctrica cada vez más renovable, a veces la energía también. Porque cada hora en que existe viento suficiente para producir, pero un aerogenerador no está disponible, es una oportunidad de generación limpia que no podemos recuperar mañana.

Chile es líder mundial en energías renovables. Según el Coordinador Eléctrico Nacional, durante 2025 la generación solar y eólica alcanzó su mayor participación histórica, representando cerca del 38% de la energía inyectada al Sistema Eléctrico Nacional. Sumadas otras fuentes renovables, como la hidráulica, aproximadamente dos tercios de la electricidad generada en el país provinieron de energías renovables.

Ese avance, sin embargo, está cambiando la pregunta. Ya no basta con medir cuántos megawatts somos capaces de instalar; también importa cuánto de esa energía logramos realmente aprovechar. De acuerdo con el balance 2025 de la Asociación Chilena de Energías Renovables y Almacenamiento (ACERA), los vertimientos de energía renovable alcanzaron 6.084 GWh durante el año, un 7,8% más que en 2024. El gremio los vincula principalmente con falta de demanda en horas de alta oferta renovable, restricciones de transmisión y falta de flexibilidad del sistema eléctrico.

Los vertimientos son un desafío sistémico. Pero existe otra dimensión, mucho menos visible, que apunta a la misma pregunta sobre cómo aprovechar mejor la energía limpia disponible: la disponibilidad operacional de los activos que ya construimos.

Una cosa es contar con un parque eólico instalado y otra es que sus aerogeneradores estén disponibles justo cuando hay viento. Si una máquina debe detenerse por una inspección, una falla no detectada a tiempo o un mantenimiento que pudo planificarse mejor, no perdemos solo horas de operación: dejamos pasar energía renovable que no podemos guardar para después.

Cuando esas horas se multiplican por decenas o cientos de aerogeneradores, dejan de ser un detalle operacional. Pueden transformarse en megawatt-hora de energía limpia que el sistema deja de recibir.

Por eso vale la pena cambiar también la pregunta sobre mantenimiento. Más que preguntarnos únicamente cuánto cuesta inspeccionar una turbina o revisar una pala, podríamos preguntarnos: ¿cuánta generación renovable adicional podemos mantener disponible gracias a detectar una falla antes de que obligue a detener el activo?

Tecnologías como la robótica, la visión computacional, la inteligencia artificial y el monitoreo remoto permiten detectar anomalías antes, planificar mejor las intervenciones y reducir horas de detención. Visto así, digitalizar el mantenimiento deja de ser solo una forma de reducir costos: también es una manera de proteger la generación renovable.

Chile seguirá necesitando nueva capacidad, almacenamiento, transmisión y una red más flexible. Pero hay una oportunidad mucho más inmediata: sacar más rendimiento energético, económico y ambiental a la infraestructura que ya construimos.

La próxima etapa de la transición energética no se jugará únicamente en cuántos nuevos megawatts logremos instalar, sino también en cuántas horas adicionales conseguimos mantenerlos disponibles para producir cuando la naturaleza nos entrega la oportunidad.

Porque, al final, el viento pasa. La pregunta es cuánta energía somos capaces de aprovechar antes de que se vaya.