Opinión: “Por qué la forma de medir el metano importa tanto como medirlo” por Alberto Tagle, Gerente General de Consorcio Santa Marta

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  • Fuente: País Circular

“El metano en los rellenos sanitarios es un problema real y urgente, y aunque llevamos más de veinte años trabajándolo y acumulando experiencia, hoy los avances tecnológicos y la innovación nos permiten ser más eficientes en su captura y abatimiento. Lo que este episodio pone en evidencia es algo igualmente importante: necesitamos mejores instrumentos regulatorios, mayor coordinación entre las políticas de residuos y energía, y sobre todo, más y mejores datos, porque las decisiones de país se toman mejor con información precisa que con fotografías tomadas en el peor momento”.

En las últimas semanas, el metano proveniente de los rellenos sanitarios pasó de ser un tema técnico a ocupar titulares. El detonante fue la publicación del Instituto Emmett de UCLA, que identificó a varios rellenos sanitarios chilenos en su lista de contaminantes. Entiendo que eso genera preguntas que merecen respuestas claras, pero también precisiones, porque en este debate la precisión importa tanto como la urgencia.

Empecemos por lo que los satélites realmente miden. Los instrumentos usados por Carbon Mapper son sensores fotométricos: detectan concentraciones de metano captando la absorción de luz solar. Sólo operan de día, y condiciones atmosféricas como nubes o neblina pueden distorsionar una lectura. Mas importante aún: detectan eventos puntuales, plumas de gas en un momento especifico, pero no el comportamiento promedio de un relleno en el tiempo. El propio estudio lo reconoce.

Comparar una detección satelital puntual con el desempeño operacional de un relleno como Consorcio Santa Marta, es como juzgar a un conductor por su velocidad en el momento exacto en que frenó de golpe, sin saber qué venía adelante.

Hay aquí un factor que muy pocos han mencionado. Las restricciones que el Coordinador Eléctrico Nacional impone a la inyección de energía a la red ocurren principalmente durante el día, cuando la generación solar es alta y el precio spot de la energía es bajo. Cuando eso pasa, debemos detener nuestros motores, y el biogás capturado no puede valorizarse de inmediato. El satélite, que solo ve de día, tiene así mayor probabilidad de capturarnos en ese intervalo de menor rendimiento, y no en nuestro desempeño habitual abatiendo metano de manera eficiente un promedio de 16 horas diarias.

El estudio del Ministerio del Medio Ambiente, realizado junto a Global Methane Hub con tecnología AVIRIS-NG de NASA durante un periodo más prolongado, llega a una conclusión distinta: Santa Marta registró el menor nivel promedio de emisiones entre todos los rellenos monitoreados del país, y es uno de los sitios más eficientes en emisiones por volumen de residuos tratados. Ambos estudios usan tecnología NASA. Los dos son válidos, pero miden cosas distintas.

¿Qué hacemos con ese metano? Desde 2006 capturamos el biogás con una batería de 600 pozos profundos, y desde 2013 lo convertimos en electricidad renovable que se inyecta al sistema eléctrico nacional. En términos acumulados, hemos reducido cerca de 200.000 toneladas de metano, equivalente a más de 5 millones de toneladas de CO2 equivalente, y generado más de 670 GWh de energía renovable. Nuestra eficiencia de captura se estima en un 60% del biogás generado, por sobre el estándar sectorial.

La brecha existe y no la negamos. Ocurre cuando el mercado eléctrico nos impide inyectar energía. Para avanzar sustancialmente en la quema de metano, hemos terminado de instalar un sistema de almacenamiento mediante baterías (BESS) de 40 MWh, que entrará en operación este año: permitirá guardar la energía generada y entregarla cuando el sistema lo permita, eliminando esos periodos de desconexión. Paralelamente, iniciamos un proyecto de medición terrestre continua junto a la Universidad St. Francis Xavier de Canadá, a través de su centro FluxLab, para acumular datos propios con rigor científico.

El metano en los rellenos sanitarios es un problema real y urgente, y aunque llevamos más de veinte años trabajándolo y acumulando experiencia, hoy los avances tecnológicos y la innovación nos permiten ser más eficientes en su captura y abatimiento. Lo que este episodio pone en evidencia es algo igualmente importante: necesitamos mejores instrumentos regulatorios, mayor coordinación entre las políticas de residuos y energía, y sobre todo, más y mejores datos, porque las decisiones de país se toman mejor con información precisa que con fotografías tomadas en el peor momento.