Hace poco más de 30 años surgieron a nivel internacional mecanismos que buscaban garantizar que la madera que se producía no tuviera en su origen deforestación de bosques. Actualmente, esa exigencia es el mínimo, y las certificaciones forestales incluyen el cumplimiento de criterios que permiten verificar que el manejo sea respetuoso ambiental, social y económicamente. En Chile, más del 70% de las plantaciones forestales productivas cuentan con certificación, lo que evidencia la relevancia de este sello. Para profundizar en este tema, conversaron con País Circular Rodrigo Mujica, Gerente de Investigación, Desarrollo e Innovación del INFOR; Natalia Droguett, Subgerenta de Comunidad y Bosque Sostenible de Corma; y André Laroze, secretario ejecutivo del sistema de certificación PEFC Chile.
La industria forestal no ha estado exenta de cuestionamientos, no solo en Chile, sino que, a nivel mundial, lo que ha movilizado a los productores a mejorar su gestión y demostrarlo. Una de las formas más reconocidas para demostrar un manejo sostenible es la certificación forestal, realizada por auditores externos que verifican -mediante criterios e indicadores comprobables- la gestión ambiental, social y económica.
Si bien aún hay mucho por hacer, pues en algunos países sigue existiendo actividad ilegal masiva, con el consecuente daño ambiental y humano, las regulaciones y preferencias del mercado han impulsado importantes mejoras en las últimas tres décadas.
“La certificación nace como un instrumento de mercado en los noventa”, relata Rodrigo Mujica, Gerente de Investigación, Desarrollo e Innovación del Instituto Forestal (INFOR), y luego explica que su origen se puede rastrear hasta la Cumbre para la Tierra, de Río de Janeiro, en 1992 (Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo), donde los países se comprometieron a gestionar bien los bosques. Pero las ONG tuvieron desconfianza por la lentitud de los procesos y por eso impulsaron la certificación, para asegurar el manejo sostenible de los bosques. Entonces, “se utilizó el mercado como una herramienta para que las empresas que estén en este negocio forestal hagan las cosas correctamente”.
Así, agrega Mujica, “surgen los sistemas de certificación, que les permiten a las empresas asegurar al mercado que están manejando de forma correcta sus bosques”. De ese modo surgió PEFC Internacional (1999), sello de origen europeo impulsado por diversas partes interesadas, especialmente los pequeños propietarios forestales. “Este sello se creó con ciertas características, principios y criterios que se fueron adoptando en muchos lugares del mundo”.
En el país, frente a lo que estaba pasando en el mundo, se vio la necesidad de crear un instrumento nacional que agregara valor sostenible a la actividad forestal y los productos forestales que se exportaban, y que reconociera la realidad del país. Es entonces (2002) cuando se reúnen varias organizaciones a crear dicho instrumento. Desde Fundación Chile se partió la iniciativa con la participación de INFOR y se crea el proyecto con cofinanciación CORFO. En el proceso de desarrollo se integraron varias partes interesadas, incluidas entidades como la Fundación para la Innovación Agraria (FIA), organizaciones sociales como el Movimiento Unitario Campesino y Etnias de Chile (MUCECH), algunas empresas forestales, académicos del sector forestal y otros.
“Desde INFOR siempre apoyamos los sistemas de certificación, desde su origen; como Instituto Tecnológico Público lo veíamos con muy buenos ojos, porque es una herramienta complementaria a lo que el Estado debe hacer. (…) Como Instituto Forestal somos socios fundadores de CERTFOR, que al final (2024) fue homologado a PEFC Internacional, uno de los grandes sistemas de certificación en el mundo”, dice Rodrigo Mujica, quien es Doctor en Ciencias Forestales.
Desde la industria avalan lo que señala el investigador. “Para las empresas forestales, la certificación constituye una herramienta estratégica. Permite demostrar, con estándares reconocidos internacionalmente y evaluaciones realizadas por entidades independientes, que sus operaciones cumplen exigencias ambientales, sociales y de gobernanza que van más allá del cumplimiento legal”, sostiene Natalia Droguett, Subgerenta de Comunidad y Bosque Sostenible de Corma, asociación gremial chilena que reúne a más de 160 actores del sector forestal.
Además, dice, “la certificación representa una ventaja competitiva al facilitar el acceso a mercados internacionales cada vez más exigentes, fortalecer la confianza de clientes e inversionistas y responder a las crecientes expectativas de consumidores respecto del origen responsable de los productos que adquieren”.
“Las certificaciones también ayudan a ordenar procesos internos, identificar oportunidades de mejora y fortalecer la gestión de riesgos, convirtiéndose en un elemento central de la sostenibilidad del negocio”, agrega la ejecutiva de la Corporación de la Madera.
Este último punto también es destacado por el secretario ejecutivo de PEFC Chile, André Laroze: “La certificación forestal trabaja con un sistema de gestión parecido a las ISO. Entonces, tener esa gestión organizada y bien preparada ayuda mucho a la empresa a tener procedimientos más claros”.
En ese sentido, agrega que “una barrera de entrada son los costos iniciales, porque hay que prepararse, cambiar muchos procedimientos dentro; pero una vez que se logra, se alcanza otro nivel, y eso es un beneficio para el productor (…) Y el incentivo es poder poner sus productos en un mercado más exigente”.
Mercados y sociedad exigentes
Sobre este punto, Natalia Droguett es enfática: “Las certificaciones son un respaldo muy relevante para las exportaciones forestales chilenas, especialmente hacia mercados que exigen altos estándares de sostenibilidad”.
Consultada sobre el rol de las certificaciones para cumplir con exigencias como el Reglamento Europeo sobre Productos Libres de Deforestación (EUDR), la ejecutiva de Corma explica que “si bien el EUDR establece obligaciones propias y las certificaciones no reemplazan el cumplimiento de la normativa, sí constituyen una herramienta que facilita los procesos de debida diligencia, trazabilidad y gestión del riesgo, al estandarizar los controles de origen y agilizar la verificación de la cadena de suministro”.
Agrega que Chile cuenta con una ventaja importante en este ámbito, “ya que la industria forestal opera principalmente sobre bosques plantados y posee una alta superficie certificada bajo estándares internacionales, lo que fortalece su posición frente a mercados que demandan productos provenientes de fuentes responsables y trazables”.
En esa línea, el secretario ejecutivo de PEFC Chile es mucho más directo: “un productor que quiera exportar su producto sin certificación no llega a ningún lado. Esto debido a que el mercado más exigente requiere la certificación, porque el requisito es demostrar la trazabilidad del material, que venga de un origen legal y libre de deforestación. Por ejemplo, alguien que produce papel y lo vende a una imprenta en Europa, esa imprenta seguramente quiere usar el sello de la certificación, porque es reconocido y preferido por el consumidor; además, porque con la nueva legislación europea debe demostrar que usa materiales de origen sostenible y libre de deforestación, entonces la imprenta en Europa quiere tener garantía de que el material que está usando venga certificado”.
“Está en juego su reputación, que nadie pueda acusar a esa imprenta de que para producir sus libros o impresos está dañando el bosque. La certificación da la confianza necesaria para hacer negocios confiables”, dice Laroze, quien es PhD en Recursos Forestales.
“Más allá de un requisito comercial, las certificaciones impulsan un proceso permanente de mejora continua y fortalecen la confianza entre productores, clientes, autoridades y la sociedad respecto del origen y manejo sostenible de los productos forestales”, coincide Natalia Droguett.
Rodrigo Mujica, de INFOR, apunta un poco más allá y señala que “la sostenibilidad es un concepto mundial, que incluye no solamente el desarrollo forestal (…) La sociedad, el ciudadano de a pie, está cada vez más preocupado de que cuidemos el planeta, y si usamos recursos naturales del planeta que sea de forma correcta, sostenible, con resguardo ambiental, social y económico”.
A su juicio, hay una presión creciente de la sociedad hacia las empresas para que sean sostenibles. “En nuestro caso, estamos hablando del bosque, y el bosque es algo muy apreciado, su cuidado es algo que la sociedad valora y exige cada vez más; entonces la presión para aquellos que están en el bosque y quieren hacer un buen uso de los recursos, es mayor”.
“Desde INFOR siempre apoyamos los sistemas de certificación, desde su origen; como Instituto Tecnológico Público lo veíamos con muy buenos ojos, porque es una herramienta complementaria a lo que el Estado debe hacer”, puntualiza Rodrigo Mujica, Gerente de Investigación, Desarrollo e Innovación del INFOR.
Estándares independientes
Las certificaciones forestales cumplen un rol fundamental, señala Natalia Droguett, “porque establecen estándares independientes para asegurar que el manejo de los bosques plantados se realice de manera ambientalmente responsable, socialmente beneficiosa y económicamente viable. En Chile, más del 70% de las plantaciones forestales productivas cuentan con certificación, lo que refleja el alto nivel de adopción de estos estándares por parte de la industria”.
La Subgerenta de Comunidad y Bosque Sostenible de Corma señala que el impacto de las certificaciones se puede observar en distintos ámbitos: En materia ambiental, promueven la protección de cursos de agua, suelos, áreas de alto valor de conservación y biodiversidad, además de exigir planes de manejo, monitoreo permanente y medidas preventivas frente a riesgos ambientales. En el ámbito social, establecen estándares relacionados con la salud y seguridad de los trabajadores, el respeto de los derechos laborales, el relacionamiento con comunidades vecinas y mecanismos formales para abordar consultas o resolver eventuales controversias. Desde el punto de vista económico, contribuyen a mejorar la competitividad de las empresas, facilitar el acceso a mercados internacionales y generar mayor confianza en la cadena de suministro. Asimismo, incentivan una gestión más eficiente y planificada de los recursos forestales.
“Todo ello es verificado periódicamente mediante auditorías independientes, lo que entrega transparencia y credibilidad al sistema”, dice Droguett.
“Las certificaciones forestales cumplen un rol fundamental, porque establecen estándares independientes para asegurar que el manejo de los bosques plantados se realice de manera ambientalmente responsable, socialmente beneficiosa y económicamente viable”, apunta Natalia Droguett, Subgerenta de Comunidad y Bosque Sostenible de Corma.
Condiciones laborales, comunidades y prevención de incendios
Desde un punto de vista más técnico, André Laroze, de PEFC Chile, explica que el sistema chileno de certificación de gestión forestal sostenible tiene dos estándares: uno de gestión forestal de plantaciones, y otro de cadena de custodia.
“Para el primero se definen, a través de criterios e indicadores, una serie de requisitos para garantizar que la madera que sale de las plantaciones forestales sea producida de manera sostenible”. Tiene que ser sostenible en las tres dimensiones: ambiental, social y económica, para lo cual el estándar establece 9 principios: Planificación y objetivos de largo plazo; Conservación de bosques y áreas de alto valor; Mantención de los recursos forestales; Biodiversidad, suelo y agua; Comunidades locales; Pueblos indígenas; Relaciones laborales; Leyes, tratados y acuerdos; Monitoreo, evaluación y control.
Uno de los aspectos de la sostenibilidad social que enfatiza André Laroze es lo que tiene que ver con las condiciones laborales, que deben ser las óptimas, partiendo por la existencia de contratos de trabajo, seguro de accidente, mutual (seguridad y salud ocupacional), etc.; calidad en el transporte y la alimentación. “Si trabajan en campamento, deben tener las mismas condiciones”.
La otra arista social tiene relación con las comunidades y que, en simple, consiste en que la empresa debe ser un buen vecino, de manera verificable, como todo lo que se audita en el proceso de certificación. “En la relación con las comunidades aledañas lo primero es que la empresa forestal debe evitar las externalidades negativas; una externalidad negativa era, tiempos atrás, que los camiones pasaban a alta velocidad. Ahora tiene que ser con velocidad controlada”.
Pero la idea es ir más allá y generar externalidades positivas: “Por ejemplo, el trabajo; estamos hablando de comunidades rurales, donde las posibilidades de trabajo son menores, entonces que se genere empleo local es muy positivo. Y también que la empresa forestal esté abierta a colaborar con los programas de desarrollo locales, de las juntas de vecinos, los municipios, etc. (…). Eso también se estipula a través de criterios e indicadores, está bien definido qué se entiende por tener una buena relación de vecinos. Y que el auditor pueda verificar”.
Respecto a la sostenibilidad económica, “la empresa debe tener una planificación de largo plazo que oriente el uso de los recursos y que asegure la permanencia y rentabilidad en el tiempo”.
Además, “dentro del estándar hay un principio que es el cuidado del patrimonio. Ese cuidado es contra incendios, contra plagas, contra especies invasoras. Los incendios son, obviamente, el principal problema para el recurso, pues ahí es donde se pierden miles de hectáreas”, dice André Laroze.
Entre los elementos de los indicadores, por mencionar algunos, están los programas de prevención de incendios, no solamente en la empresa, sino que también con un enfoque proactivo que incluya reuniones informativas y estrategias con los vecinos, con los alcaldes, etc. También debe existir capacidad para combatir los incendios, con cuadrillas propias y/o con convenios, por ejemplo, con Conaf.
Sobre este punto, Rodrigo Mujica, del INFOR, recuerda que, si bien los estándares actuales tienen componentes para evitar los incendios, la certificación corresponde a un bosque y no puede controlar lo que ocurre alrededor: ”La certificación puede contribuir a que tu bosque lo manejes con buenos estándares para evitar incendios, pero si el vecino de al lado no lo hace así, y provoca un incendio, o se produce un incendio en un campo, etc., ese incendio igual te va a llegar, aunque lo hiciste todo bien (…) El tema de incendios es un tema mucho más territorial”.
Consultado sobre el cuidado de los recursos hídricos, André Laroze dice se garantiza la protección de los flujos y la calidad del agua. Por ejemplo, las labores de cosecha deben hacerse de tal manera que no contaminen las vertientes, que no caigan sedimentos y que tampoco se interrumpa el flujo. También se verifica que exista control para que los puntos de captura de agua de las cooperativas de Agua Potable Rural tengan buena calidad. Sobre la cantidad de agua consumida, el ejecutivo de PEFC admite que “es el asunto que más se discute”, sin embargo, añade que “todos los árboles consumen agua; no es que un pino consuma más agua que un árbol nativo. Si ese patrimonio estuviera cubierto con bosque nativo, consumiría más o menos la misma cantidad de agua”.
“Un productor que quiera exportar su producto sin certificación no llega a ningún lado. Esto debido a que el mercado más exigente requiere la certificación, porque ellos tienen su propia trazabilidad”, señaló André Laroze, secretario ejecutivo de PEFC Chile.
Desde el bosque hasta el consumidor final
El segundo estándar, que certifica la cadena de custodia, verifica que la materia prima que está en un producto final fue efectivamente producida en una plantación con manejo sostenible. “En la cadena de valor, la madera se va transformando y hay dos líneas principales: la madera sólida o madera aserrada, y la celulosa. En cualquiera de las dos van produciéndose transformaciones, la celulosa en papel, el papel en un libro, por ejemplo, o el cartón en un envase. Para que el producto esté certificado, lo que le interesa es que la materia prima que está en ese producto, la materia forestal, se pueda trazar a un origen sostenible”.
Esto se hace principalmente a través de un balance de masa, de entrada y salida. “La madera sale de un bosque, va al aserradero, donde entran 100 metros cúbicos de madera, que una vez procesados salen 60 metros cúbicos de madera aserrada, certificada, que se entregan a quien hace la manufactura y genera el producto que lleva el sello. Para que ese producto final tenga ese logo, toda la cadena de abastecimiento y transformación tiene que estar certificada”, explica el secretario ejecutivo de PEFC Chile.
Si bien este estándar no consiste en una evaluación del proveedor, sí verifica que se cumplan las leyes, por ejemplo, en materia laboral.
Los estándares del sistema de certificación PEFC Chile son nacionales, explica Laroze, y se revisan periódicamente: “El estándar está vigente 5 años, ahí se revisa y hay un proceso de 2 años para generar un nuevo estándar, mejor adaptado a la demanda del país. El desarrollo tiene esto, que uno alcanza un nivel e inmediatamente quiere elevarlo”. Para el proceso de revisión, se basan en el Benchmark Standard o el estándar de referencia de PEFC Internacional, sobre el cual trabaja un equipo técnico de 10 expertos (que postulan), que emite un documento que es sometido a consulta pública y luego revisado para, finalmente, ser publicado.
Madera, material del siglo XXI
El Gerente de Investigación, Desarrollo e Innovación del Instituto Forestal hace hincapié en el valor de la certificación en momentos en que se está fomentando el uso de madera como material constructivo. “La madera es el elemento del siglo XXI, porque al gestionarse en forma sostenible en los territorios, es un material natural que puede reemplazar al hormigón, al acero. Todo eso es muy virtuoso, porque los árboles al crecer mitigan el cambio climático con la captura del carbono, la madera es puro carbono retenido, y cuando se construye con madera se sigue reteniendo el carbono en las construcciones por muchos años, y se evita que se construya con hormigón u otros materiales que son extremadamente contaminantes”, señala Rodrigo Mujica.
El investigador del INFOR señala que en Chile “se estima que un 10% de las plantaciones existentes hoy se establecieron en el lugar de bosques nativos que fueron deforestados, pero el 90% restante se establecieron sobre suelos desnudos, erosionados, degradados”.
Actualmente, enfatiza, “ningún bosque nativo puede ser tocado para establecer plantaciones. Eso está prohibido por ley y no se hace”. En esto, un aliado importante es la certificación forestal que, de hecho, relata Mujica, “surgió para garantizar que la madera que se venda en el mercado no venga de deforestación”.
Para poder proveer de la madera necesaria, agrega, está la renovación que hacen las plantaciones, pero, además, “en la actualidad en Chile existen muchísimas hectáreas donde se puede plantar, porque son suelos degradados. Hoy se puede expandir, fácil, 500.000 hectáreas con plantaciones de especies nativas, porque hay que diversificar, no solamente seguir con pino, sino también establecer otras especies, de las cuales tenemos mucho más conocimiento, como el roble, el raulí, donde corresponda, el quillay en la zona centro-sur”.
“A todos los que estamos relacionados con el desarrollo forestal nos interesa que sea sostenible, que las cosas se hagan bien, porque necesitamos madera y los bosques también son mucho más que madera; hay productos forestales no madereros y los bosques son fundamentales para varios ciclos, como el del agua, por ejemplo”, dice Mujica.
Además, el Gerente de Investigación, Desarrollo e Innovación del INFOR explica que este organismo, como Instituto Tecnológico Público, genera conocimiento e información estratégica, que son bienes públicos, a través de investigación y desarrollo. “Nos ponemos al servicio del desarrollo forestal generando conocimiento sobre la forma correcta de hacer el manejo, para que el privado lo aplique, y eso es un escalamiento virtuoso”.
“Cada institucionalidad del desarrollo forestal cumple un rol, todos somos complementarios, necesarios, y entre todos velamos por la sostenibilidad del desarrollo forestal. En ese contexto, el hecho de que existan sistemas de certificación es muy importante, porque es el mismo mercado, con esta herramienta, que apunta exactamente a lo que queremos, que el que esté en el bosque haga las cosas de forma correcta”, concluye Rodrigo Mujica.