Durante la última década, Chile ha liderado la incorporación de energías renovables en América Latina. Sin embargo, el rápido crecimiento de la generación solar ha venido acompañado de un fenómeno cada vez más relevante: el vertimiento de energía renovable.
Desde 2020 a la fecha, la energía solar y eólica que no pudo ser transportada o consumida aumentó progresivamente, superando, en 2025, los 6.200 GWh anuales (7% de toda la electricidad generada en el país). Esto refleja una brecha entre la velocidad de desarrollo de los proyectos de generación y la expansión de la infraestructura de transmisión.
La respuesta más efectiva para enfrentar este desafío está siendo el almacenamiento mediante baterías (BESS) y el fortalecimiento de la red de transmisión. Según el Coordinador Eléctrico Nacional, Chile supera los 2.000 MW de BESS en operación, mientras que los proyectos en desarrollo agregarán otros 6.000 MW, posicionando al país como uno de los mercados de almacenamiento energético de mayor crecimiento mundial.
En este contexto, la Región de Antofagasta posee condiciones únicas para consolidarse como el principal hub de almacenamiento energético. La región concentra cerca del 70% de la nueva infraestructura de generación renovable y almacenamiento en desarrollo, convirtiéndose en un lugar prioritario para desplegar sistemas BESS asociados a plantas de generación, instalaciones industriales y proyectos Stand Alone conectados directamente al sistema de transmisión.
La combinación de mayor desarrollo de almacenamiento y transmisión permitirá capturar los excedentes solares producidos durante el día y trasladarlos hacia la noche, aumentando la utilización de la infraestructura existente. Asimismo, permitirá transformar esta energía en un recurso disponible para nuevos usos en la minería, la desalación, centros de datos y producción de combustibles sintéticos, entre otras áreas.
Las tendencias internacionales muestran que las baterías dejarán de ser únicamente una herramienta de arbitraje de precios, convirtiéndola en una infraestructura estratégica que se irá incorporando progresivamente hacia los sistemas de distribución y puntos de consumo de clientes.
Esta visión es relevante para Chile. Aunque la generación renovable ya representa cerca del 70% de la capacidad instalada, la electricidad participa sólo en un 22% del consumo global de energía, mientras los combustibles fósiles continúan dominando la matriz en más de un 50%. La electrificación de la minería, el transporte, la desalación y diversos procesos industriales constituye el siguiente paso lógico de la transición energética y el almacenamiento será muy importante en esta transición.
Así, el desafío para Antofagasta será transformar esa capacidad de almacenamiento en una palanca de desarrollo industrial y competitividad, permitiendo que la abundancia de energía solar disponible en la región impulse nuevas inversiones, genere valor agregado y consolide a la región como el principal centro energético de la transición sustentable.