
El presidente de la Cámara Verde de Comercio de Chile, Nicolás Borlando, plantea que la eficiencia energética ya no es solo un compromiso ambiental, sino una decisión estratégica.
El reciente anuncio de una histórica alza en los precios de los combustibles en Chile no solo impacta el bolsillo de las familias, sino que plantea un desafío estructural para la competitividad de nuestras empresas.
Si bien el origen de esta situación es externo, sus efectos son profundamente locales: mayores costos logísticos, presión sobre márgenes y pérdida de competitividad, especialmente en regiones y sectores intensivos en transporte. En el sur de Chile, donde las distancias y la dependencia del transporte son mayores, este impacto se amplifica.
Frente a este escenario, el foco del debate no puede limitarse únicamente a medidas de mitigación de corto plazo. La señal es clara: en un contexto de ajustes al Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (Mepco), los costos energéticos han dejado de ser una variable relativamente estable y predecible, y su volatilidad seguirá tensionando la estructura de costos de las empresas.
En este contexto, la gestión energética deja de ser un aspecto técnico para transformarse en una decisión estratégica. Incorporar eficiencia, optimizar consumos y repensar la matriz energética no solo permite proteger la rentabilidad, sino también avanzar hacia modelos de operación más resilientes y sostenibles.
En este escenario, también emerge una oportunidad que no debiese desaprovecharse. La misma gestión que permite enfrentar el alza de costos es, al mismo tiempo, una herramienta concreta para reducir impactos ambientales, disminuir emisiones y avanzar hacia una economía más baja en carbono.
Las empresas que logren integrar esta doble mirada (económica y ambiental) no solo amortiguarán el impacto de estas alzas, sino que fortalecerán su posición en un entorno donde la sostenibilidad es cada vez más un factor de competitividad.
Hoy, más que nunca, la eficiencia energética no es solo sostenibilidad: es competitividad.