La Región de Aysén posee una de las mayores extensiones de humedales del país

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  • Fuente: Diario Sostenible

La Región de Aysén se posiciona como un territorio fundamental para la naturaleza en Chile al concentrar una de las mayores extensiones de ecosistemas hídricos a nivel nacional, fundamentales para el equilibrio del medio ambiente.

Con una superficie estimada de 374.722 hectáreas, distribuidas en mallines, humedales ribereños y lacustres, además de un importante número de turberas, especialmente en sectores australes, estos ambientes cumplen un rol estratégico en la regulación hídrica, la conservación de la biodiversidad y la adaptación al cambio climático.

La extensa presencia de humedales en la región otorga a estos ecosistemas un valor estratégico a escala territorial. En particular, las turberas cumplen una función crítica frente al cambio climático, al almacenar grandes volúmenes de carbono en sus suelos orgánicos y regular el régimen hídrico, actuando como reservas naturales de agua en zonas donde la influencia glaciar es limitada o inexistente.

La conservación de estos ambientes resulta fundamental no solo para la estabilidad climática, sino también para la disponibilidad hídrica a largo plazo.

Desde el territorio, el jefe del Área La Junta de la Corporación Nacional Forestal (Conaf), Álvaro D’Amico Najum, se refirió a la relevancia de los humedales presentes en áreas silvestres protegidas, particularmente en el Parque Nacional Queulat.

«Dentro del Parque Nacional Queulat existen diversos humedales de gran relevancia ecológica. En el sector sur se encuentra la Laguna Los Quetros, una zona baja y permanentemente húmeda que recibe aguas de deshielo provenientes de las montañas, formando un ambiente que alberga fauna característica, como una pareja estable de quetros que da nombre al lugar», explica.

Humedales en áreas protegidas

Otro humedal destacado corresponde a la zona baja del lago Risopatrón, en el sector Angostura del parque. En esta zona se ha registrado la población más austral y continental conocida de la ranita de Darwin especie, altamente sensible a los cambios ambientales, lo que refuerza el valor de estos humedales como bioindicadores del estado de conservación del ecosistema.

D’Amico explicó además que existe una continuidad de valles húmedos que conecta el Parque Nacional Queulat con el Parque Nacional Melimoyu, zonas que reciben aportes de pequeños glaciares en retroceso y que, durante el verano, mantienen condiciones de humedad favorables para la reproducción de anfibios entre los meses de octubre y diciembre.

“Desde una perspectiva técnica, los humedales, permanentes o temporales, cumplen funciones esenciales: retención y regulación del agua, mejora de su calidad, mitigación de riesgos naturales como aluviones y crecidas, y monitoreo natural de los efectos del cambio climático. Su conservación es clave para la estabilidad ecológica y la seguridad ambiental de los territorios”, enfatizó el experto.

Desafíos para la conservación y el futuro

Pese a su importancia, estos ecosistemas enfrentan riesgos importantes. El cambio de uso de suelo, las parcelaciones y la expansión urbana amenazan especialmente a los humedales de menor tamaño ubicados en predios privados.

La degradación de una turbera, por ejemplo, podría provocar la liberación del carbono almacenado, transformando un aliado ambiental en un problema para el calentamiento global.

A una escala mayor, los humedales que forman parte de áreas silvestres protegidas cumplen funciones estratégicas para el equilibrio ecológico regional.

Así lo explicó, Gabriela Gómez González, jefa provincial de la Provincia de Aysén, quien enfatiza que estos ecosistemas son hábitat de una alta biodiversidad y cumplen un rol esencial como sitios de descanso, alimentación y reproducción para aves migratorias.

Para asegurar su supervivencia, las autoridades locales enfatizan en la necesidad de fortalecer la educación ambiental y el turismo de naturaleza bien gestionado.

Conocer el funcionamiento de estos espejos de agua y su capacidad para mitigar desastres naturales es el primer paso para garantizar que Aysén siga siendo un refugio de biodiversidad y resiliencia climática para las futuras generaciones.