Un nuevo proyecto de infraestructura hídrica se suma a la cartera de inversiones de la Región de Coquimbo. Desaladora La Serena SpA, controlada por Aqua Terra SpA, ingresó al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental una iniciativa por US$370 millones para construir y operar una planta desaladora multipropósito en la comuna de La Serena, con una capacidad máxima de diseño de 2.000 litros por segundo de agua desalada.
La iniciativa se emplazaría en el sector de Punta Porotos, aproximadamente 18 kilómetros al norte de la ciudad de La Serena, en la provincia de Elqui. Su desarrollo considera una entrada en operación progresiva durante la próxima década, en un escenario en que la seguridad hídrica se ha convertido en una variable cada vez más relevante para las inversiones productivas y el crecimiento económico del norte y centro-norte de Chile.
Aunque el proyecto no está planteado exclusivamente para abastecer operaciones mineras, su carácter multipropósito y la escala prevista lo sitúan dentro de una tendencia que la industria observa con atención: el avance de infraestructura independiente capaz de producir y transportar agua desalinizada para distintos consumidores, disminuyendo la presión sobre fuentes continentales.
Una inversión de US$370 millones con desarrollo por etapas
El cronograma actualmente contemplado apunta a iniciar la construcción durante 2028. La primera fase operacional comenzaría en 2031, cuando la instalación alcanzaría una capacidad de producción de 500 litros por segundo.
Posteriormente se contempla una ampliación hasta 1.000 litros por segundo en 2034, mientras que una nueva etapa de crecimiento comenzaría en 2038. La capacidad máxima de diseño, equivalente a 2.000 litros por segundo, sería alcanzada en 2041. La planificación presentada considera además una fase de cierre durante el primer semestre de 2071.
El esquema gradual permite dimensionar la infraestructura en función del crecimiento de la demanda y configura un horizonte de desarrollo que supera ampliamente la etapa inicial del proyecto.
En términos de escala, los 2.000 litros por segundo equivalen a 172,8 millones de litros diarios operando a capacidad nominal continua. Se trata de un volumen que posicionaría a la instalación como una infraestructura hídrica significativa dentro del norte del país, especialmente por su concepto multipropósito y su expansión programada.
Ósmosis inversa, obras marítimas y conexión eléctrica
El diseño considera tecnología de ósmosis inversa, actualmente uno de los sistemas predominantes en los proyectos de desalinización de agua de mar desarrollados para abastecimiento industrial y urbano.
La iniciativa no se limita a la planta de tratamiento. También contempla obras marítimas y costeras vinculadas con la captación y operación del sistema, además de infraestructura para distribuir el agua producida desde la instalación hasta una estación terminal. (La Tercera)
Uno de los componentes relevantes será el suministro energético. La propuesta incluye una línea de transmisión eléctrica de 66 kV y una subestación seccionadora de 220/66 kV, que permitirán abastecer tanto a la desaladora como a sus instalaciones complementarias desde el Sistema Eléctrico Nacional.
Este componente será particularmente relevante durante la evaluación y posterior desarrollo económico del proyecto. Las plantas desaladoras requieren consumos eléctricos permanentes para los procesos de captación, pretratamiento, ósmosis inversa y transporte del agua, por lo que el costo y disponibilidad de energía forman parte central de su competitividad.
Construcción podría emplear hasta 725 trabajadores
La etapa de construcción contempla una dotación promedio estimada de 381 trabajadores, con un máximo de 725 personas durante los períodos de mayor actividad.
Una vez que la planta se encuentre en operación, la dotación prevista disminuiría a alrededor de 60 trabajadores.
Más allá del empleo directo, una inversión por US$370 millones abre oportunidades para empresas proveedoras vinculadas con construcción industrial, movimiento de tierras, montaje electromecánico, tuberías, sistemas eléctricos, automatización, instrumentación, mantenimiento, logística y servicios especializados.
Ese efecto adquiere relevancia en Coquimbo por la existencia de una base productiva vinculada tanto a minería como a infraestructura, energía y servicios industriales.
La infraestructura hídrica gana espacio en las decisiones mineras
El proyecto aparece en un momento en que el acceso al agua se ha transformado en uno de los factores estructurales para el desarrollo de la minería chilena.
La escasez hídrica y las restricciones sobre el uso de fuentes continentales han impulsado progresivamente soluciones basadas en agua de mar y desalinización. El desafío ya no se concentra únicamente en producir agua, sino también en disponer de sistemas eléctricos y de conducción capaces de transportarla desde el borde costero hacia centros urbanos, instalaciones industriales o faenas ubicadas a mayores distancias y altitudes.
Para la Región de Coquimbo esta variable resulta particularmente sensible. El territorio reúne actividad minera, agricultura, consumo urbano y proyectos productivos que compiten por recursos hídricos bajo condiciones de sequía prolongada.
La posibilidad de incorporar nueva oferta mediante infraestructura multipropósito puede ampliar las alternativas disponibles para futuros desarrollos, aunque cualquier eventual abastecimiento industrial o minero dependerá de contratos, capacidad disponible, infraestructura de transporte y condiciones regulatorias que todavía deberán definirse.
Un escenario con más de una gran desaladora en Coquimbo
La iniciativa privada de AquaTerra avanzará en una región donde paralelamente existe otro proyecto de desalinización de gran escala impulsado mediante el sistema de concesiones públicas.
La planta concesionada para la Región de Coquimbo contempla una inversión estimada de US$318 millones, capacidad inicial de 800 litros por segundo y abastecimiento para una población superior a 500 mil habitantes de La Serena, Coquimbo y Ovalle. El proyecto considera además una extensa red de impulsión y obras asociadas.
Se trata de iniciativas diferentes, con configuraciones y objetivos propios, pero su coexistencia muestra cómo la desalinización comienza a consolidarse como infraestructura estratégica para una región donde la disponibilidad de agua condiciona tanto el consumo humano como las posibilidades de expansión económica.
El desafío ahora pasa por la evaluación ambiental
El ingreso al sistema ambiental abre una etapa decisiva para la Desaladora Multipropósito–La Serena. La evaluación deberá revisar los impactos asociados a las instalaciones terrestres y marítimas, captación de agua, descarga del proceso, construcción de infraestructura, trazado eléctrico y demás componentes contemplados.
Solo después de superar ese proceso y obtener los permisos correspondientes podrá avanzar hacia la construcción proyectada para 2028.
Para la industria minera, el desarrollo será relevante no solo por el monto de inversión. Una planta con capacidad potencial de 2.000 litros por segundo, conectada al sistema eléctrico y concebida bajo un modelo multipropósito, refleja una transformación más amplia en la infraestructura del norte de Chile: agua, energía y minería están pasando a formar parte de una misma ecuación de inversión.
En una región donde nuevos proyectos productivos deberán demostrar que cuentan con fuentes hídricas sostenibles y compatibles con las exigencias ambientales, la aparición de infraestructura desaladora adicional puede convertirse en un habilitante para inversiones futuras, siempre que logre superar la etapa regulatoria y materializar el crecimiento operacional previsto para las próximas décadas.