Del saneamiento al reúso: una nueva etapa para la seguridad hídrica

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  • Fuente: El Mercurio 

El reúso de aguas tratadas es una de las fuentes de agua más subvaloradas de Chile. Mientras el país enfrenta una escasez hídrica cada vez más severa, persisten mitos que dificultan el desarrollo de una alternativa ampliamente utilizada en el mundo.

Un primer mito es que el agua reutilizada es “agua sucia” y no es apta para consumo humano. Esto es falso. Desde hace décadas, existen tecnologías capaces de transformar aguas residuales tratadas en agua apta para distintos usos, tales como riego agrícola, procesos industriales, e incluso el consumo humano.

Namibia, por ejemplo, aplica tratamientos avanzados que permiten el reúso directo como agua potable, convirtiéndose en un referente técnico a nivel mundial. En Singapur, el programa NEWater produce agua de altísima calidad destinada principalmente a la industria y, en parte, a recargar embalses que abastecen el sistema de agua potable. En Israel, cerca del 90% de las aguas residuales tratadas se reutilizan para riego agrícola, liberando agua de mejor calidad para consumo humano.

Otro mito es que Chile no reutiliza el agua. A fines de los años noventa, las exportaciones crecían vigorosamente, particularmente en el sector agroalimentario. Sin embargo, existía una grave contaminación de las aguas utilizadas para riego y recreación, que constituía una amenaza sanitaria y para la imagen país. El gobierno de la época impulsó decididamente las asociaciones público-privadas para financiar cuantiosas inversiones en plantas de tratamiento de aguas servidas (PTAS).

Las soluciones variaron según el territorio. En el Gran Santiago, se construyó en el año 2001 la primera PTAS a gran escala, lo que permitió que las descargas a los ríos Mapocho y Maipo alcanzaran una calidad compatible con la actividad de los agricultores ubicados aguas abajo. En contraste, en el Gran Valparaíso, el agua recolectada no se reutiliza ya que la mejor solución sanitaria y económica fue descargarla al mar mediante un emisario submarino. Asimismo, en la minería y otras industrias se reutilizan crecientes volúmenes de agua para evitar la extracción desde fuentes naturales.

Durante estos últimos 30 años, el contexto climatológico, económico y social ha cambiado significativamente y se han ido derribando lentamente los mitos sobre el reúso, pero hay desafíos pendientes. El problema sanitario fue ampliamente superado, pero la escasez hídrica estructural requiere de nuevas respuestas. Una parte creciente de la sociedad no considera aceptable utilizar agua natural en actividades industriales, sin embargo, persisten obstáculos al reúso que ya no son tecnológicos, sino regulatorios, económicos y, muy importante, culturales. Los principales desafíos son contar con reglas claras para el reúso de aguas tratadas —incluyendo su financiamiento—, facilitar la inversión, y fortalecer la confianza ciudadana sobre la base de información creíble.

El reúso no reemplazará a la desalación, los embalses o la gestión eficiente del agua, pero tiene un enorme potencial para convertirse en un pilar de la seguridad hídrica, oportunidad que Chile no puede ni debe desaprovechar.