Opinión: “La economía circular incomoda, por eso importa” por Loreto Finsterbusch, Gerente General Dimensión S.A.

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  • Fuente: País Circular

«Circular no es parecer responsable, es tomar decisiones que muchas veces cuestan e incomodan. Es dejar de normalizar lo innecesario y entender que cada residuo tiene una historia antes de llegar al contenedor y una consecuencia después de salir de nuestra vista. La economía circular importa justamente porque nos obliga a mirar lo que antes preferíamos no ver».

Durante años nos acostumbramos a recibir más de lo que necesitábamos. Más envases, más envoltorios, más productos de un solo uso y más elementos que parecían resolver una necesidad pequeña, pero que terminaban generando un problema mucho más grande.

La discusión reciente sobre los productos desechables en locales de comida rápida lo muestra con claridad. Con la implementación de la Ley 21.368, que regula los plásticos de un solo uso y las botellas plásticas, muchos establecimientos han debido modificar la forma en que entregan utensilios, envases y aderezos. Ya no se trata solo de cambiar un material por otro, sino de revisar una práctica instalada: entregar automáticamente algo que muchas veces no fue pedido, no fue rechazado, no fue usado y terminó convertido en residuo.

Ese es el punto de fondo. La economía circular no incomoda porque sea una mala idea, incomoda porque obliga a cambiar hábitos, procesos y responsabilidades.

Incomoda a las empresas, porque exige revisar proveedores, costos, formatos, cumplimiento y operación; a los consumidores, porque cambia rutinas que parecían normales; a los municipios, porque la fiscalización y la implementación suele recaer en equipos que ya tienen una carga enorme y también en quienes trabajamos en gestión de residuos, porque nos recuerda que no basta con retirar lo que sobra: hay que mirar cómo se genera, cómo se separa, cómo se gestiona y qué destino final tiene.

Es importante salir del discurso simple, porque la circularidad no se resuelve con una frase ni con una sustitución rápida de materiales. Requiere entender que cada actor cumple un rol concreto en la cadena, pero además demanda diseño, educación, infraestructura y continuidad.

Trabajar con residuos es estar en la parte menos glamorosa de la sostenibilidad, pero también en una de las más decisivas. Aquí no sirven las declaraciones bonitas, sirve la separación bien hecha, la planificación, el cumplimiento de los servicios, la coordinación con los municipios y la capacidad de explicar, una y otra vez, qué se puede reciclar, qué no y por qué.

También, y hay que decirlo con claridad: no todo residuo tiene hoy una salida perfecta. Hay materiales difíciles, brechas de infraestructura y hábitos ciudadanos que no cambian de un día para otro y reconocer esas limitaciones no debería ser una excusa para quedarse quietos, por el contrario, debe ser el punto de partida para avanzar con más seriedad.

Circular no es parecer responsable, es tomar decisiones que muchas veces cuestan e incomodan. Es dejar de normalizar lo innecesario y entender que cada residuo tiene una historia antes de llegar al contenedor y una consecuencia después de salir de nuestra vista.

La economía circular importa justamente porque nos obliga a mirar lo que antes preferíamos no ver.