
Durante la segunda jornada del Congreso Futuro que se realiza en Santiago y otras regiones del país, la experta en alfabetización oceánica y gobernanza marino-costera Daniela Hill Piedra dictó la charla “Cultura oceánica para una ciudadanía consciente”, donde invitó a reflexionar sobre la relación entre las personas y el océano. La bióloga e instructora de buceo ecuatoriana, creadora de la ONG Amiguitos del Océano, comentó además que, con un enfoque adecuado, la educación ambiental puede impulsar cambios en el comportamiento humano en el corto plazo.
La bióloga ecuatoriana Daniela Hill Piedra dictó ayer la charla “Cultura oceánica para una ciudadanía consciente”, que fue parte del bloque “Ideas para un nuevo mundo”, del segundo día de la versión 2026 del Congreso Futuro. A modo de introducción, la especialista habló de las relaciones tóxicas entre las personas, haciendo un símil con la relación humano-océano, donde “nosotros hemos sido los tóxicos con el océano, siempre explotando, sobreexplotando, contaminando nuestra propia fuente de vida”. También habló de la empatía, subrayando que “no solamente se da entre las personas, es algo que también se debe dar, o se debería fomentar más, en la relación entre los humanos y la naturaleza”.
A partir de esos sencillos ejemplos, la bióloga comenzó a explicar a qué se refiere el concepto “Cultura oceánica” que, según dijo, se ha comenzado a difundir bajo ese término en la última década, aunque se practica desde muchos antes. “Cultura oceánica es entender esta relación intrínseca que existe del ser humano con el océano y del océano con el humano”, aclaró, para luego añadir tajante: “Si no entendemos la real importancia de la conexión que deberíamos tener con el océano no va a haber ningún lugar hacia donde ir como humanidad”.
Daniela Hill Piedra es bióloga y magíster en Administración Ambiental, experta en cultura oceánica y gobernanza marino-costera; trabajó en el Ministerio del Medio Ambiente de Ecuador donde, entre otras cosas, fue directora de Gestión y Coordinación Marino-Costera, y también fue asesora del Conejo de Gobierno del Régimen Especial de Galápagos; es instructora de buceo y en 2018 creó Amiguitos del Océano, una fundación dedicada a la educación ambiental. Ha recibido varios reconocimientos por su labor en pro de la conservación oceánica y, entre otras colaboraciones internacionales, desde 2022 es una de los 20 integrantes del Grupo de Expertos en Alfabetización Oceánica, entidad perteneciente a la Comisión Oceanográfica Intergubernamental (COI) de la UNESCO.
“En la fundación hemos apostado por la educación oceánica desde un enfoque emocional, porque todas las personas somos seres sintientes, y generando experiencias vivenciales a través del arte, la cultura y otras maneras semejantes”, indicó Daniela Hill Piedra, integrante del Grupo de Expertos en Alfabetización Oceánica de la UNESCO.
Cultura Oceánica
Durante su charla, la especialista relató que cuando era funcionaria pública trabajaba, por ejemplo, en la creación de áreas protegidas marino-costeras, y empezó a observar y cuestionarse: “¿por qué si nosotros estamos trabajando técnicamente estos esfuerzos de conservación, estas estrategias de conservación, por qué las personas que viven en estos lugares especiales no podían tal vez percibir o sentir como nosotros sobre la importancia de cuidar este sitio?, ¿por qué las comunidades y los diferentes sectores que integran la comunidad no podían, o no querían, o no les interesaba ser partícipes activos de la elaboración y la implementación de los planes de manejo, por ejemplo?”.
Esas inquietudes la llevaron a pensar acerca del comportamiento humano y del relacionamiento con el océano, observando la necesidad de sensibilizar activamente sobre la relevancia de esa relación, lo que la llevó a crear “Amiguitos del Océano”, donde trabajan para fomentar una cultura oceánica en las personas.
“Solamente se ha explorado menos del 7% del océano, sin embargo, es donde se genera vida, donde se sustenta la vida, es quien regula el clima, quien alberga millones de especies, quien nos da oxígeno -en su mayoría-, y alrededor del agua se han generado, se han desarrollado culturas, rituales, saberes ancestrales, identidades. Pero entonces, ¿cómo la Cultura oceánica encaja como una idea para un nuevo mundo?, ¿cómo pudiéramos pensar que se puede generar empatía y que esta empatía puede generar un cambio en pro del ambiente?”, se cuestionó Daniela Hill para luego explicar cómo abordan ese desafío a través de la educación.
“En la fundación hemos apostado por la educación oceánica desde un enfoque emocional, porque todas las personas somos seres sintientes, y generando experiencias vivenciales a través del arte, la cultura y otras maneras semejantes. Es realmente una oportunidad para que las personas puedan tener experiencias maravillosas de conexión con la naturaleza, que generen empatía pero, sobre todo, que a través de su experiencia personal y su realidad puedan entender conceptos técnicos de una manera más fácil, más aterrizada, que les haga sentido. Trabajamos una educación oceánica con un enfoque emocional y vivencial”.
En 2018 Daniela Hill creó «Amiguitos del Océano» que, entre otras actividades, desarrolla el Programa de Educación Oceánica en Comunidades Costeras.
“Tenemos experiencias con pescadores que antes apaleaban las tortugas marinas que quedaban en sus redes, y ahorita sí se dan el tiempo de sacarlas, liberarlas y nos mandan los videos. La verdad es que eso es bastante reconfortante”, comentó Daniela Hill Piedra, directora de la fundación «Amiguitos del Océano».
Explora, siente, reconecta y actúa
La experta ecuatoriana subrayó que la Cultura oceánica no es solo divulgación científica o hacer talleres, sino que busca ir más allá, es decir, provocar cambios de comportamiento en el corto plazo. Para enfrentar este reto, dijo, la fundación se dedicó desde el comienzo a desarrollar procesos, no actividades puntuales. “Queríamos demostrar cómo la educación oceánica realmente podía cambiar los comportamientos humanos en las personas en presente, no esperar mucho tiempo. Cuando se habla de educación existe esta idea generalizada de que los cambios no los vamos a ver ahora, sino que los vamos a ver en unas dos o tres generaciones más, así que era un gran desafío”.
En sus primeros años (2018-2020) la fundación trabajó con más de diez mil niños y niñas en 34 comunidades costeras de Ecuador; luego, en 2021 crearon una metodología propia denominada ESRA: Explora, Siente, Reconecta y Actúa. “ESRA trata de promover la reconexión de las personas con la naturaleza a través del autoanálisis y pensamiento crítico. Es una metodología bastante participativa; las personas, los niños, las niñas, los jóvenes, los adultos, con ellos co-construimos el conocimiento, y lo hemos podido desarrollar en diferentes sectores y edades -infancias, sector pesquero, turístico, etc.-, teniendo resultados de cambio de comportamiento muy prometedores, muy buenos, en presente”, dice la experta en alfabetización oceánica.
La metodología ESRA tiene tres pilares fundamentales en sus resultados: conocimiento adquirido; relacionamiento oceánico; y cambios de comportamiento. En ese sentido, Hill Piedra relata experiencias con pescadores, “que antes apaleaban las tortugas marinas que quedaban en sus redes, y ahorita sí se dan el tiempo de sacarlas, liberarlas y nos mandan los videos. La verdad es que eso es bastante reconfortante”.
Durante su exposición, la bióloga habló sobre los beneficios de estar en contacto con el mar y se reconoció “muy afortunada” por haber estado “con tiburones, con mantarrayas gigantes, con tortugas, delfines -todos encuentros orgánicos; estoy en contra de los encuentros forzados- con ballenas jorobadas a un metro de distancia, y compartir espacio, tiempo y contacto visual con estos seres maravillosos es algo que realmente no tiene explicación, es algo que se tiene que sentir y vivir”. En esa línea, mencionó estudios (como los contenidos en el libro Mente Azul, del biólogo marino Wallace J. Nichols) que hablan del bienestar que produce el contacto con el agua, no solo en el mar, sino en otros cuerpos de agua y también la lluvia.
Al finalizar, Daniela Hill citó a la abogada y activista iraní a Shirin Ebadi, premio Nobel de la Paz 2003, quien dijo que “para hacer cambios en el mundo primero necesitamos hacer cambios en uno mismo, en una misma. Entonces, los invito a reflexionar, ¿por qué seguimos destruyendo lo que nos hace bien?, ¿por qué seguimos esperando a que otros tomen la batuta o la iniciativa para poder cambiar el mundo y asumir todos estos desafíos ambientales que estamos enfrentando como humanidad?”.