“Hoy enfrentamos desafíos muy distintos a los de hace 35 años: mayores exigencias ambientales y regulatorias, los efectos cada vez más visibles del cambio climático y nuevas expectativas de los clientes. Mantener los estándares exige una mirada de largo plazo y un marco regulatorio moderno, que permita seguir invirtiendo en soluciones acordes a las realidades de cada comuna”.
Tanto en la vida personal como en la historia de un país, cumplir 35 años es motivo suficiente para detenerse a revisar el camino recorrido, los logros alcanzados y proyectar los desafíos futuros. En este período hemos sido parte de un esfuerzo conjunto y de una transformación profunda que ha beneficiado a millones de personas.
Llegar con agua potable de calidad y de manera continua a la población urbana de todo Chile y brindar servicios de alcantarillado y tratamiento de aguas servidas ha sido esencial para el desarrollo de nuestras ciudades y actividades económicas, y sobre todo, para la calidad de vida de las personas. Esto es algo que nos enorgullece y que nos llama a perseverar en nuestro compromiso con Chile.
Fue a partir de 1990 cuando comenzó a implementarse un nuevo modelo para el sector sanitario, sustentado en una mirada país de largo plazo y en la colaboración público-privada. Esta política pública, que inició la modernización del sector, ha permitido que hoy el 100% de las ciudades cuenten con agua potable segura y continua, y con servicios de alcantarillado y tratamiento de aguas servidas. Más de 42.900 kilómetros de redes de agua potable a lo largo del territorio, abasteciendo a más de 6 millones de clientes.
Ese proceso permitió impulsar con fuerza las inversiones, incorporar nuevas tecnologías y posicionar a Chile como referente internacional. Hoy ocupamos el primer lugar en el mundo en tratamiento de aguas servidas, según el Environmental Performance Index de la Universidad de Yale, y somos el único país de la región —junto a Costa Rica— donde se puede beber agua directamente de la llave.
Hoy enfrentamos desafíos muy distintos a los de hace 35 años: mayores exigencias ambientales y regulatorias, los efectos cada vez más visibles del cambio climático y nuevas expectativas de los clientes. Mantener los estándares exige una mirada de largo plazo y un marco regulatorio moderno, que permita seguir invirtiendo en soluciones acordes a las realidades de cada comuna. También debemos abordar fenómenos sociales complejos, como el crecimiento de campamentos y las conexiones ilegales, que tensionan la infraestructura y afectan directamente a las comunidades.
Frente a estos retos, el sector sanitario ha demostrado su capacidad para responder ante emergencias —terremotos, aluviones, incendios o inundaciones— y para adaptarse a necesidades extraordinarias, como la suspensión de cobros durante la pandemia.
Ese mismo espíritu es el que hoy nos mueve a renovar nuestro compromiso con Chile: trabajar junto al Estado, a los trabajadores y a la ciudadanía para asegurar que este modelo siga aportando bienestar, salud y desarrollo.