En el marco de la conmemoración del Mes del Mar, la organización ambiental cuestionó la falta de celeridad del Gobierno en la implementación de medidas de preservación y conservación.
Con más de 4 mil kilómetros de costa continental y sobre los seis mil si se consideran fiordos, canales e islas, el mar forma parte esencial de la base ecológica, económica e incluso cultural del país. Tal es su relevancia en la vida nacional que en Chile se le dedica un mes completo: mayo, reconocido como el Mes del Mar.
En este sentido, la organización ambiental Greenpeace Chile advierte que, si bien el mar tiene una gran importancia para las economías, la seguridad alimentaria y la identidad de cientos de comunidades que habitan en la costa, el país mantiene deudas críticas con la protección de sus océanos.
La sobreexplotación pesquera, la acuicultura, especialmente la salmonicultura, la contaminación marina, la acidificación de los océanos, la crisis climática y el calentamiento de los mares y la pérdida acelerada de especies son algunas de las principales amenazas que hoy enfrentan los ecosistemas marinos en Chile y donde se requiere una respuesta contundente y con sentido de urgencia desde las autoridades.
Así lo señaló la experta en Clima y Ecosistemas de Greenpeace Chile, Silvana Espinosa, cuestionando la falta de acción del Estado chileno en torno a medidas de preservación y conservación oceánica.
«Chile fue uno de los primeros países en ratificar el Tratado Global de los Océanos de Naciones Unidas, lo que representó un importante hito para la protección de la diversidad de nuestros océanos. Sin embargo, pese a que urgen señales y medidas concretas que avancen en la conservación de los ecosistemas marinos, sobre todo considerando la situación actual de degradación de los océanos de Chile y el mundo, tras la firma del tratado no se ha avanzado con la celeridad que se requiere”, explicó.
Coherencia entre desarrollo y conservación
La salmonicultura, la segunda industria exportadora de Chile, se ha convertido también en una de las mayores amenazas para la preservación de los ecosistemas marinos, especialmente en la Patagonia, según advierten desde la organización.
Su expansión ha dejado impactos significativos, como contaminación de fondos marinos, pérdida de biodiversidad, uso excesivo de antibióticos, escapes de especies exóticas, mala gestión de residuos y reiterados incumplimientos ambientales.
“En este contexto, es fundamental que el Gobierno no solo avance en planes ambiciosos de conservación marina y costera, sino que también revise críticamente aquellas iniciativas que pueden ir en sentido contrario. La coherencia entre desarrollo y conservación no es opcional: es una condición indispensable para resguardar el futuro de los mares y las comunidades que dependen de ellos”, puntualizó la vocera de Greenpeace.
Para Espinosa, la situación de la comuna de La Higuera y el proyecto minero portuario Dominga es igualmente crítica: un proyecto de inversión que se tramita desde hace más de una década, que ha sido rechazado en múltiples ocasiones, con una línea base absolutamente obsoleta, pero que sigue presionando por la vía judicial para poder llevarse a cabo.
Se debe tomar en cuenta que, de ejecutarse este proyecto, podría empujar a especies emblemáticas a la extinción, como el pingüino de Humboldt., afectando seriamente no sólo este ecosistema, sino también la calidad de vida de la comunidad local, dedicada a la pesca artesanal y el turismo.