En Bruselas, el debate sobre el las energías limpias comenzó a tomar un tono más sobrio. La industria viene de un periodo de expectativas muy elevadas las que, hasta ahora, no se han materializado al ritmo esperado. La señal es relevante, especialmente para países como el nuestro.
La Asociación Gremial de Productores de Hidrógeno Verde y sus Derivados de Magallanes, H2V Magallanes, informó la suspensión de sus actividades gremiales, apuntando a la «inexistencia de un mercado consolidado». El gremio explicó que la decisión respondía a la falta de señales claras de demanda global que permitieran sostener proyectos de gran escala.
«La contingencia internacional ha derivado en la inexistencia de un mercado consolidado para el hidrógeno verde y sus derivados, sin compradores firmes ni señales claras de demanda internacional que permitan sustentar proyectos de gran escala e intensivos en capital como los que se están desarrollando en Magallanes», señalaron.
El mensaje fue duro, pero no fue casualidad, e instaló una pregunta incómoda para una industria que durante años ha sido presentada como una de las grandes apuestas de la transición energética mundial y para la economía chilena, considerado un país con virtudes especiales para la producción de hidrógeno verde. Tanto el segundo gobierno de Sebastián Piñera como el de Gabriel Boric se entusiasmaron con el asunto, realizando una serie de anuncios, proyectos e incluso se creó el Comité Estratégico de Hidrógeno Verde.
Pero, ¿qué ocurre cuando el potencial existe, pero el mercado aún no aparece? La misma pregunta empieza a escucharse, con otros matices, al otro lado del Atlántico.
En Bruselas, el corazón político de la Unión Europea, el debate sobre el hidrógeno verde tomó un tono más sobrio. Durante la Semana Europea de la Energía Sostenible, realizada en la provincia de Brabante Flamenco, distintas fuentes europeas consultadas por Emol reconocen que la industria viene de un periodo de expectativas muy elevadas que, hasta ahora, no se han materializado al ritmo esperado. La señal es relevante, especialmente para países como Chile.
Aunque en Europa la apuesta no está descartada, el discurso ya no gira solo en torno al potencial de la tecnología, sino a sus condiciones reales de desarrollo, es decir, regulación, costos, certificación, financiamiento y, sobre todo, demanda concreta. Los obstáculos Desde el viejo continente la apuesta, en todo caso, no está descartada.
Al contrario, la Unión Europea sigue viendo al hidrógeno renovable como una pieza relevante para su política energética, industrial y de seguridad de suministro. Sin embargo, el entusiasmo inicial dio paso a una etapa más exigente, marcada por tres problemas centrales: incertidumbre regulatoria, brecha de precios y falta de demanda suficientemente asegurada.
El primer obstáculo está en las reglas.
Los obstáculos
Fuentes europeas señalaron que uno de los principales problemas del mercado del hidrógeno tiene que ver con los aspectos regulatorios, incluyendo costos, certidumbre y certificación del producto. Ese marco, explican, es clave para poder unir la cadena de valor entre países productores y compradores europeos. En simple, el desafío no es solo producir hidrógeno renovable, sino lograr que ese producto sea certificable, financiable y aceptado por la demanda europea. Esa exigencia agrega complejidad a los proyectos, pero forma parte del intento de Bruselas por construir un mercado más ordenado y menos expuesto a nuevas dependencias estratégicas.
El segundo problema es el precio. El hidrógeno renovable sigue siendo más caro que otras alternativas energéticas, lo que genera una brecha entre lo que cuesta producirlo y lo que los compradores están dispuestos a pagar. Esa diferencia, reconocen, sigue siendo un reto importante para la industria.
Para enfrentar ese problema, la UE ha impulsado herramientas como el Banco del Hidrógeno y otros fondos nacionales o comunitarios que buscan cerrar la distancia entre oferta y demanda. Entre los instrumentos en evaluación o aplicación aparecen garantías, subvenciones de inversión, contratos por diferencia y esquemas de apoyo financiero que permitan hacer viables proyectos que hoy todavía no logran sostenerse únicamente con condiciones de mercado.
El tercer problema, y probablemente el más complejo, es la demanda. En Bruselas reconocen que este es el «gran caballo de batalla» del hidrógeno verde. Hay proyectos, hay interés político y hay países con potencial renovable, pero aún falta una demanda suficientemente clara, regulada y bancable que permita a los desarrolladores tomar decisiones finales de inversión, considerando la magnitud de los recursos necesarios.
La mirada desde Amberes
Esa tensión entre ambición climática y realidad económica también la nota la empresa belga de tecnología y energía limpia CMB.TECH. Desde la compañía plantearon una visión pragmática: el hidrógeno será necesario para descarbonizar sectores donde la electrificación directa no alcanza, especialmente transporte marítimo, camiones pesados e industria química. Pero su adopción no ocurrirá de golpe ni reemplazará al diésel de un día para otro, cómo muchos proyectaban. En cambio, la tesis es más gradual.
En lugar de apostar inmediatamente por activos 100% cero emisiones, CMB.TECH está desarrollando soluciones flexibles, capaces de operar con diésel y también con hidrógeno o amoníaco. Es decir, motores duales que permitan reducir emisiones sin perder confiabilidad operativa. «La confiabilidad es más importante que la descarbonización», explicaron.
La frase puede sonar incómoda en medio de una discusión climática, pero resume uno de los puntos más sensibles para la industria, si una tecnología reduce emisiones, pero vuelve menos confiable una operación crítica, el mercado difícilmente la adoptará.
La lógica de CMB.TECH es que la primera parte de la reducción de emisiones es la más barata, mientras que llegar al 100% puede volverse exponencialmente más costoso. Por eso, en algunas aplicaciones apuntan primero a reducciones cercanas al 50% o 60%, antes que forzar una transición inmediata hacia soluciones completamente libres de emisiones.
Otro punto relevante es que la empresa no plantea la discusión como una competencia entre electricidad, hidrógeno o amoníaco. Al contrario, sostiene que la transición será más eficiente si esas soluciones conviven. En Europa, especialmente en el norte, ven valor en producir hidrógeno cuando hay exceso de electricidad renovable, por ejemplo, durante horas de precios bajos o incluso negativos.
En esos momentos, producir hidrógeno permite ayudar a estabilizar la red eléctrica, absorbiendo energía que de otra manera podría perderse o tensionar el sistema. Luego, esa energía puede quedar almacenada en forma de molécula y utilizarse cuando camiones o barcos la requieran. Con todo, la principal advertencia vuelve a ser la misma, la infraestructura no aparece sola.
Desde la compañía explicaron que grandes actores como BP o Shell no suelen invertir primero esperando que aparezca la demanda. Lo hacen cuando ya existe un caso de negocio claro. Por eso, la estrategia inicial apunta a operaciones flexibles, con barcos, camiones y zonas portuarias capaces de generar demanda temprana. Luego, si esa demanda crece, la infraestructura permanente puede seguir.
Desafíos de Chile
Ese punto es especialmente relevante para Chile.
Ya es sabido que el país y la región cuentan con ventajas naturales para producir hidrógeno verde, pero la posibilidad de insertarse en el mercado europeo dependerá de algo más que buenos recursos solares o eólicos. Los proyectos deberán demostrar que tienen compradores, financiamiento, certificación, infraestructura y sentido estratégico tanto para el país de origen como para la UE.
Fuentes de la Unión Europea señalaron que buscan trabajar bilateralmente con algunos países para coidentificar proyectos estratégicos, construir pipelines conjuntos y desarrollar cadenas de valor que tengan interés para ambas partes, de forma tal que no se trate solo de exportar energía limpia, sino de articular proyectos capaces de atraer inversión pública y privada.
En esa lógica, Europa busca actuar como una suerte de «pegamento» entre compradores y vendedores, facilitando que se encuentren, apoyando la estructuración de proyectos y poniendo a disposición instrumentos financieros que ayuden a cerrar la brecha de precio El marco más amplio es Global Gateway, la estrategia europea para promover inversiones en infraestructura sostenible fuera de la UE.
En América Latina, la energía aparece como una de las áreas prioritarias, especialmente por el potencial renovable de la región y por la posibilidad de construir cadenas de valor asociadas al hidrógeno, la integración eléctrica y otras industrias de la transición.
La lectura de fondo es que Europa no quiere repetir con el hidrógeno verde y las energías renovables los errores cometidos con el gas ruso. Busca diversificar proveedores, construir relaciones más resilientes y evitar nuevas dependencias estratégicas. Pero esa ambición también implica más filtros, más exigencias y una mirada menos ingenua sobre la velocidad real del mercado.