Opinión: “Chile sabe dónde está la basura. El problema es que no sabe qué hacer con ella” por Enrique Peralta, gerente general de Coactiva, filial de Polpaico Soluciones

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  • Fuente: País Circular

“Tenemos satélites para detectar vertederos ilegales, pero ninguna estrategia sistemática para transformar esos residuos en algo útil. Eso no es progreso, es diagnóstico”.

Hacia 2030, los residuos de la construcción acumulados en Chile equivaldrán a más de cinco cerros Santa Lucía. El sector genera más de 7 millones de toneladas de desechos al año, solo contando edificación autorizada, y existen 3.735 sitios ilegales de disposición de residuos a lo largo del país. Así lo reveló el propio Ministerio del Medio Ambiente el pasado 22 de abril, Día de la Tierra, al presentar el proyecto Entorno+Circular.

Lo sabemos con precisión satelital. Y eso es, exactamente, el problema.

Es decir, ya contamos con imágenes satelitales y análisis territorial para monitorear vertederos ilegales en tiempo real. Es un avance genuino. Pero Chile lleva décadas siendo muy bueno en detectar sus problemas ambientales y muy malo en resolverlos estructuralmente. Tenemos la radiografía. Lo que no tenemos es el tratamiento.

Un dato del mismo informe ministerial lo ilustra con crudeza: de los 3.735 sitios ilegales, 3.492 son microbasurales y 243 son vertederos de mayor tamaño. Es decir, el problema no está concentrado en unos pocos focos grandes y fáciles de intervenir. Está atomizado en miles de puntos dispersos por todo el territorio, muchos de ellos en bienes nacionales de uso público donde la gestión municipal tiene escaso margen de acción. Fiscalizar eso, incluso con satélites, es una tarea enorme. Transformarlo, otra completamente distinta.

La lógica que sigue dominando el manejo de residuos en Chile es simple y paralizante: se fiscaliza un foco ilegal, se elimina, y los residuos migran a un vertedero o reaparecen en otro punto del territorio. La tecnología satelital no cambia esa cadena. Solo la hace más visible.

El verdadero salto, el que Chile todavía no da, no es de detección sino de valorización. Transformar los residuos en insumos productivos en lugar de simplemente moverlos de lugar. Esto no es tecnología del futuro ni requiere inversión estatal masiva. Existe hoy, y funciona.

En la industria del cemento, residuos industriales que no pueden reciclarse convencionalmente se convierten en combustibles alternativos que reemplazan parcialmente al carbón y otros fósiles. Este proceso, el coprocesamiento, es una solución técnicamente validada para la fracción de residuos que el reciclaje simplemente no puede absorber. Y esa fracción es enorme. No todo lo que se desecha tiene una segunda vida como material; una parte significativa solo puede valorizarse energéticamente, y si no existe infraestructura para hacerlo, termina en un relleno sanitario o en uno de esos 3.735 sitios ilegales. Coactiva opera este modelo en Chile desde hace años: residuos que antes iban a disposición final entran hoy al ciclo productivo, reduciendo simultáneamente el volumen de desechos y la huella de carbono de industrias intensivas en energía. Es el eslabón que falta en la cadena circular.

Es necesario ser claros: el reciclaje es necesario, pero cubre una parte del problema, dejando fuera una cantidad relevante de residuos para la que el coprocesamiento no es una alternativa, sino la única alternativa real. Sin él, la economía circular tiene un agujero negro: los residuos que no caben en el ciclo de materiales simplemente desaparecen del discurso y reaparecen en el territorio. Nuestro país necesita reconocer eso, y construir la infraestructura, la regulación y los incentivos que lo hagan viable a escala.

Chile ya aprendió a mirar su basura desde el espacio. Ahora necesita aprender a mirarla como materia prima.